Lloverá cada una de las noches del invierno de tu alma para recordarte que hay veces en las que sí caen regalos del cielo; porque sé que la lluvia te hace sentir en casa, y eso es lo que tus ojos gritan que extrañan.
Cultivaré girasoles que amortigüen tu caída desde las nubes, en las que escondes tus sueños por temor a que alguien los encuentre y los destruya.
Con la madera más bella que exista te fabricaré una caja donde puedas guardar tus miedos bajo llave para que nunca vuelvan a interponerse en tu camino.
Le robaré sus plumas al ave fénix para hacerte unas alas con las que puedas resurgir cada vez que mueras de ganas de salir corriendo a cualquier parte del mundo que no sea esta.
Con la madera más bella que exista te fabricaré una caja donde puedas guardar tus miedos bajo llave para que nunca vuelvan a interponerse en tu camino.
Le robaré sus plumas al ave fénix para hacerte unas alas con las que puedas resurgir cada vez que mueras de ganas de salir corriendo a cualquier parte del mundo que no sea esta.
Y volarás, serás libre, más aún de lo que tu
espíritu siempre ha sido; y no habrá un lugar en el que el viento no se enamore
de ti.
La luna te acompañará a posarte en el faro que cada noche
guía al corazón del océano hasta la playa.
Las estrellas cuidarán de ti hasta que la luz del sol anuncie un nuevo amanecer y, entonces, ya no
recordarás de qué huías.
En ese momento decidirás volver
y yo te estaré
esperando.
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